Entrevista a Jorge Aravena Llanca

ENTREVISTA REALIZADA A JORGE ARAVENA LLANCA

DESDE BERLIN - ALEMANIA

POR  JEANETTE GONZALEZ VARGAS PICHILEMU - CHILE

 

 

¿Por qué escribe?

Escribir es como la necesidad de hablar. Escribir es una letanía impuesta por una vocación irreprimible: imitativa a otras vidas e intereses morales; espirituales; de aventuras; conquistas y logros que concuerdan y comulgan con la misma historia del ser humano. Es decir, pienso, que es una forma de ser responsable de lo que ocurre en la vida, de lo que ocurre en la vida de toda la humanidad.

 

¿Para quién escribe?

Para mí, en primera instancia, pero para ello tomo temas de interés general y personal que me conmueven. Después, por una obligación de lealtad conmigo mismo, esclarecer aquello que no he comprendido de la vida, del quehacer tanto de mi vida, de mis coetaneos y, de aquella parte de la historia que he leído y no he comprendido o, no concuerdo con ella; que me ha provocado desajustes intelectuales negativos a la verdad y al principio de libertad y justicia que es lo que busca el ser humano en su existencia.

 

¿Cuándo descubrió que además de fotógrafo y músico, era escritor?

Mi primera comunión fue con mi vocación por la lectura y la literatura. Que escribir debía ser mi tarea, divulgar la belleza de la vida que, con tanta rapidez captaba a diario. Después vinieron las otras lecturas: la del rostro humano con los retratos; y la escritura de la música que es otra lengua, otro idioma, que llena tanto el alma. ¿Qué haríamos sin la literatura melódica y la fuerza musical de  Beethoven? ¿Sin Mozart? ¿Sin Haydn? ¿Sin Bach? Y, ahora ¿sin Carlos Gardel? o ¿sin esos tangos de vida y muerte, o la música de los boleros?; ¿sin descartar la música popular de México y la chilena de nuestra infancia?

 

¿Tiene algún método para escribir?

El primer sentimiento, o inspiración, es algo que se me impone solo. ¿Qué es necesario en esta vida que yo tenga que decirlo con la pluma? Cuando descubro que existen cosas que desconozco, que no calzan en mi entendimiento, me afano en preguntarme que me falta por conocer de ello, y si el tema tiene algo que bulle dentro de mí me aboco a la tarea: primero investigar cuánto conozco sobre el tema, y comienzo a darle argumentos personales de acuerdo a mis conocimientos. Nunca me aboco a tareas que desconozco. El sabio alemán Goethe decía: “el hombre habla lo que sabe”. Jorge Luis Borges repetía: “el escritor escribe lo que ha leído”. Hago un organigrama con el argumento, lo codifico en capítulos, ordeno los papeles investigados y comienzo a darle forma y color a los primeros brochazos.

 

Para escribir, ¿tiene algún horario o rutina?

De madrugada. En realidad me acuesto pensando –escribiendo–, lo que haré a la mañana. La hora del atardecer hasta las 8 de la noche es mi facultad más cómoda. Después me declaro nulo, a veces muy nervioso de lo que me salva un buen vaso de vino y los recuerdos piadosos de mi vida. Y la música por supuesto.

 

¿Hace manuscritos o trabaja en computadora?

Ahora con esta maravilla de máquinas modernas, por supuesto, con la computadora. No obstante, añoro con mucha nostalgia mis viejas máquinas de escribir. Las tengo en los estantes junto a los libros de todo tipo: una transportable, una de duro teclear y, la que al final, con la que terminé: una eléctrica, todas en un triste desuso.

En este momento las estoy mirando, son parte de los objetos que más adoro entre mis antigüedades y reliquias decorativas en mi casa.

 

Al escribir, ¿piensa en el lector?

En todo momento. Siendo yo un asiduo lector sé que mientras leo, soy yo quien está escribiendo: somos el autor y yo cómplices que nos idealizamos. Sin ese supuesto lector que vendrá después de terminar un libro es imposible seguir. El vínculo, durante todo el relato, es el otro: el que lee. Sin el lector el libro no existe.

 

¿Cómo escribió su primer libro?

Creo que aun no lo he escrito. Lo pensé cuando era un niño y ahí se quedó, ese era mi primer libro y creo que con mucho egoísmo guardo su argumento, perdón por ello, para mi solo.

 

 

Una vez que su texto está  terminado, ¿lo revisa? ¿Se lo da a leer a otros?

Las revisiones son una exigencia y una responsabilidad hacia el lector.

Si fuera verdulero a nadie le daría una fruta descompuesta, irían todas al cajón basurero, la fruta se debe entregar sana, fresca y olorosa. Lo mismo esas páginas inútiles, sin criterio y nulas de entendimiento que ha veces salen sin que uno busque esas imperfecciones. Gracias a que tenemos esa responsabilidad frente al lector es que reviso, y releo cuantas veces pueda, hasta quedar satisfecho. Pero creo que nunca he terminado de estarlo, siempre pienso que podría haber pensamientos más certeros, claves y recursos  literarios que no conozco o no doy con ellos. Por lo cual dejo pasar un tiempo y vuelvo a leer lo escrito. Así se me esclarece el panorama e intento mejorar la página hasta quedar medianamente satisfecho, nunca del todo.

¿Darles a otros a leer? Esto sería lo adecuado, pero viviendo como vivo alejado de mi lengua materna el castellano, me es difícil tener la ayuda para una corrección final.

 

Si estuviera en una isla desierta, ¿qué libro le gustaría que lo acompañara?

Creo que ninguno. Llevaría música clásica, óperas, tangos, popular, bailable, todo para moverme o estarme quieto mirando el cielo y darme cuenta que no somos nada sino estamos entre los de nuestra especie. El hombre sin el hombre, digo esto también, la mujer sin la mujer, no es nadie. Un hombre o una mujer sola, es un álamo en un paraje perdido que ni siquiera indica un derrotero: como un bote a la deriva.

 

¿Es usted un poeta?

Quise serlo. No lo logré. Por ello me dediqué hacer letras para canciones, que requieren  formas más simples de observación y no entrar en profundidades. No estudié filosofía, menos mal, soy bastante anárquico en esto. Me gusta la historia, el ensamble de ser con la vida pleno en comunicación que es su derrotero; el ensayo sobre temas vitales del ser humano, sobre todo sobre del lenguaje. Soy capaz de leer sobre lingüística y filología sin cansarme. Tengo una gran responsabilidad sobre la búsqueda de la verdad de cada palabra. Por ello me especialicé en lingüística etimológica de la toponimia.

 

Nos quisiera hablar libremente de su obra ¿Qué libros escritos por usted son sus favoritos y por qué?

Últimamente he escrito dos novelas. Una sobre la vida de Bolívar en Alemania y, con supino egoísmo me quedo con él, no quisiera que se publique aun, lo releo y me place. Es algo extraño este egoísmo, en su lectura pareciera que no soy yo quien lo escribió, y cuando lo constato una vanidad exquisita –para qué negarlo–, me invade y me siento compensado. Creo que lo escribí con amor y cariño. En él busqué la verdad a través de la intuición, porque no tenía muchos elementos veraces, así que mi intuición me ayudó hasta creer que encontré la verdad de lo desconocido. Es una verdadera satisfacción.

Con el mismo ánimo positivo leo a Borges y siento que lo leído lo escribimos juntos, tanto su narrativa como su poesía.

 

¿Su primera canción en que la inspiro?

En la muerte de Evita Perón. ¡Qué bárbaro recuerdo! ¡Qué pregunta! Las noticias de su muerte, en 1952,  me impresionaron y cantaba, por las calles de Buenos Aires, mi dolor por su muerte. Esta es la verdad, pero aun no lo comprendo del todo.

Creo que necesitaba una impresión fuerte para desatar la creatividad. Me ha ocurrido otras veces que, impresionado por un  hecho, mi primera reacción es una frase, a la cual le acompaña, casi siempre, un leve sentimiento melódico que me envuelve y prosigo con estas sensaciones hasta terminar o, comprender que vale o no vale la pena seguir. Después sin darme cuenta tarareo la inspiración ya convertida, con la melodía, en una canción.

 

¿Con que artista le gustaría componer una canción?

Creo que me he realizado musicalizando a Borges, a Neruda, a Jorge Teillier, a Rubén Darío, a José Martí y a otros poetas.

También con una puesta de sol, un amor lejano, un paisaje perdido de la infancia, al amor materno. Y así. Estos son los artistas con los cuales hemos vivido una canción: en sociedad con Pichilemu hemos compuesto varias. Sin duda, Pichilemu ha sido la materia prima más asidua.

Pero me faltó componer una canción con mi madre que tocaba la guitarra, componía y cantaba. ¿Qué pena? ¡No fue posible!

 

Para usted, ¿escribir y cantar es una profesión, un oficio o una afición?

Afortunadamente, lo digo fuerte para que todos escuchen, nunca fui un hombre rico. La trinidad de música, palabra e imagen me ha servido también para ganarme el pan cotidiano. Y le he puesto tensión a esta actividad. Logré convertir en una profesión esa trilogía de habilidades, que me han servido más que los ojos y el paladar, para mirar y degustar todos los alimentos nutritivos que ahora componen mi memoria.

 

¿Cómo se enamoró de Pichilemu?

En Pichilemu tengo mi cuna intelectual. Nací en otra ciudad. Viví con toda mi familia, como saben en Buenos Aires, Argentina más de 33 años, pero con el paisaje que mi madre me cantaba, cuando era niño, en noches largas de lluviosos inviernos, creció en mí, la frescura del mar de Pichilemu. La tranquilidad de su hogar en Ciruelos, el amor que sentía por el Cardenal José María Caro; por el cuidado y amor que yo observaba que tenía mi madre con la suya, con mi abuelita María Magdalena.

Crecí con todos los elementos que tiene Pichilemu. Creo en la fantasía que yo inventé a Pichilemu, que además de pertenecerme sigue creciendo dentro de mí porque yo soy el propietario, por derecho y herencia materna, de ese hermoso y hospitalario pueblo que, además, es dueño del mar de todo Chile. Por ello no es raro que en su nombre Pi-Chile-mu esté clarito el nombre de la patria.

 

¿Cuándo y por qué llego a Alemania?

Porque amo la libertad. Llegué desde Ecuador. A Quito su capital entré después del Golpe Militar el año de 1973. Creí que no debía quedarme en Chile. Amo demasiado la libertad. Nunca he sido de cobijarme en espacios donde se priva de libertad al ser humano, ni admiro los gobiernos dictatoriales de ninguna forma y lugar, ni las ideologías que reprimen como el comunismo y el liberalismo, que son dos paralelas que en el infinito se unen.

Además, yo me eduqué en un colegio de severos alemanes. Mis primeros profesores fueron germanos. Viviendo aquí en Alemania pareciera que ingresé otra vez a ese colegio, que era una institución donde recibí todas las enseñanzas en forma interna. Fui un niño encerrado entre alemanes y ahora, comprendo muy bien este síndrome psicológico del por qué me encerré voluntariamente en Alemania, como en ese colegio de mi niñez y pubertad. Vivo libre en Alemania, practicando costumbres que conocía desde la niñez; y lo soporto muy bien, entre todos nos entendemos. Me place este país, me siento bien y realizado, pues he seguido aprendiendo, y madurando, agradecido de la cultura, tremenda cultura, que tiene Alemania.

 

¿Le gusta su trabajo y deberes actuales?

Si. Me siento tranquilo, compensado. Tengo una hermosa familia, mi esposa es un ánComo siempre soy un agradecido por todo. NO le doy gracias a la vida, sino a otros esfuerzosecisiodo. es les que los historiadorgel germano, mi hija menor una preciosa alemana pero cuando hablan y nos comunicamos echo de menos, con mucha nostalgia, el acento de la patria, los sentimientos comunes que no me llegan a través de mi lengua natal, sino de la suya. Es un tremendo esfuerzo compaginar dos formas de hablar, de sentir y vivir.

Mi trabajo literario y musical ha estado centrado en Pichilemu. Al pueblo le he dedicado años de recordación y afecto. Es como que nunca salí de Pichilemu, sigo caminando, bajo otro sol, delante de mi sombra o ella me persigue pero por las calles o por las playas arenosas de Pichilemu, viendo las mismas cosas. Por eso me gusta mi trabajo pues nunca he abandonado Pichilemu.

 

Qué será su próxima producción ¿un libro o CD de canciones?

Me faltan dos libros por escribir que me tienen encerrado cavilante en su temática. Uno es sobre el Prócer José Miguel Carrera, su triste vida y el tremendo sacrificio de su fusilamiento, pues he descubierto muchos detalles que los historiadores los han obviado, por intereses programados con alevosía.

Por ejemplo: su cuerpo fue descuartizado, le cortaron la cabeza, los brazos y las manos y las pusieron al aire libre para que las comieran los charangos, que son aves de carroña muy grande que abundan en Mendoza.

Su cuerpo, en la Catedral de Santiago, está sin cabeza y sin brazos.

El otro es sobre la vida de Violeta Parra, con quien estuve cantando en su carpa de la Reina durante seis meses en el año de l966. Presencié la creación de sus últimas composiciones, se las pasé en limpio a máquina y las pulí de algunos errores ortográficos, en verdad fueron muchos. Y creo saber el por qué se suicidó. Esta verdad me carcome y hasta que no me la saque de encima no pienso morirme. La verdad ante todo. Es incomprensible que Violeta Parra haya escrito “Gracias a la vida” y se haya suicidado. Creo conocer la verdad de esta causa. Tengo mucho material sobre Violeta y su familia que en la actualidad está sobre dimensionada y no es para tanto. Este libro, tendrá su tiempo de ir a la Biblioteca de Pichilemu junto con el de Carrera.

Además, estoy trabajando en un CD, con canciones dedicadas solamente a los pescadores de Pichilemu. Será un regalo a los hombre que considero más valientes, sinceros y abnegados de toda la viril existencia humana, además, los mejores para el declive etílico. Los envidio y quiero representarlos en canciones, más ahora que son muchas las mujeres que comparten con ellos las tareas del mar, cuya creatividad y esfuerzo me asombra y sobrevaloro con admiración.

 

¿Desea agregar algo a esta entrevista, o dar un mensaje a los jóvenes?

La sorpresa de que en la biblioteca de Pichilemu estén dos damas incentivando, con tanta inteligencia, bondad y una mirada hacia el futuro con precisión y verdadero afán, darle al pueblo cultura, lo que, creo seguro, otras ciudades no tienen.

Alguien le preguntó al filósofo y lingüista italiano Humberto Eco, cual para él fue, en la historia de la humanidad, lo más beneficioso recibido. Contesto: las bibliotecas públicas. ¿Más que la computación? ¿Qué la imprenta? ¿Qué el automóvil o los vuelos en avión? Sí, el beneficio de las bibliotecas abiertas gratuitamente a todo el mundo es el aporte más dadivoso a los seres humanos. Basta entrar en una de ellas para comprenderlo. ¿Qué sienten los que trabajan dentro de ella?

Como siempre soy un agradecido por todo. No le doy “gracias a la vida”, no creo en el contenido enumerativo de esa canción, sino a otros esfuerzos, cualidades, afanes y realizaciones, dolor y lágrimas, ausencia y olvido demasiados humanos, en nada poéticos, que he logrado vivir y sufrir.

Ser de Pichilemu ha sido para mí muy importante, la salvación, algo especial, He sido alguien distinto, pues teniendo al pueblo dentro de mí, conmigo y yo en él, tengo de qué complacerme, de qué hablar, qué sentir. Nunca he envidiado a nadie, con Pichilemu tengo bastante, con él creo que tengo todo.

 

¿Mensaje para la juventud?: lean, estén consigo mismo mucho tiempo solos frente a un libro, con la música y los retratos del paisaje de la infancia. Pregúntese cosas, las que nadie se las dice, y respóndanselas.

Los pichileminos están salvados, teniendo tanta belleza a su alrededor ¿a qué más pueden aspirar?

Miren en las noches el cielo, maduren con ese cielo estrellado como no existe ninguno en el mundo entero, esto es lo primero que trato de constatar cuando viajo: he mirado en lejanos países, en noches el cielo abierto y, créanme, nada se compara con el nuestro de Pichilemu, en él están todas las estrellas del universo, además, nuestros seres queridos; todos los cocheros de cabritas; los pescadores que no han regresado del mar; nuestros abuelos; nuestra madres y padres. El cielo estrellado de Pichilemu es una página de conocimiento que todos deben auscultar en noches abiertas.

Y si algún día dejan la patria natal canten conmigo: “Quiero volver a Pichilemu una mañana de sol radiante del mes de enero”.

Pero vuelvan siempre, no se olviden del regocijo mater-paterno; del mar y el aire salino.

 

Muchas gracias Jeanette, las preguntas han sido bien comprendidas, sugerentes, deslizadoras. He sido llevado por ellas como cuando vuelvo, con el mismo anhelo, desde tan lejos a Pichilemu. Una verdadera alegría, compensadora de tanta distancia. Muchas gracias querida amiga

1967 El Fotógrafito.
1967 El Fotógrafito.
Delante de La Puerta de Brandenburgo
Delante de La Puerta de Brandenburgo 2002
DELANTE DEL CASTILLO DE FRIEDERICH EL GROSSE. 2002
DELANTE DEL CASTILLO DE FRIEDERICH EL GROSSE. 2002
Visita de Jorge Aravena Llanca a la Biblioteca Pública Municipal de Pichilemu, marzo 2013.
Visita de Jorge Aravena Llanca a la Biblioteca Pública Municipal de Pichilemu, marzo 2013.
Jorge Aravena junto a Roberto Cordova C. Alcalde de Pichilemu en feria costumbrista en Pañul, octubre 2013.
Jorge Aravena junto a Roberto Cordova C. Alcalde de Pichilemu en feria costumbrista en Pañul, octubre 2013.
Parque Agustín Ross de Pichilemu
Parque Agustín Ross de Pichilemu
Vista a la Playa desde Plaza Arturo Prat de Pichilemu
Vista a la Playa desde Plaza Arturo Prat de Pichilemu
Playa de PUNTA DE LOBOS a 6 Km al sur de Pichilemu
Playa de PUNTA DE LOBOS a 6 Km al sur de Pichilemu
Jorge Aravena Llanca, con la destacada Sra. Rita Polanco. 2012
Jorge Aravena Llanca, con la destacada Sra. Rita Polanco. 2012
Jorge Aravena Llanca, junto a tres amigos de Pichilemu, Cesar, Guillermo Pulgar y José Luis Arraño. 2012.
Jorge Aravena Llanca, junto a tres amigos de Pichilemu, Cesar, Guillermo Pulgar y José Luis Arraño. 2012.
Jorge Aravena LLanca, con su primo hermano Lalo Morales Llanca, su hijo y un nieto. 2013.
Jorge Aravena LLanca, con su primo hermano Lalo Morales Llanca, su hijo y un nieto. 2013.
Jorge Aravena Llanca. representa a Chile, como una de las 150 nacionalidades que viven en el crisol cultural de Berlín. Alemania
Jorge Aravena Llanca. representa a Chile, como una de las 150 nacionalidades que viven en el crisol cultural de Berlín. Alemania